jueves, 4 de octubre de 2012

COMENTARIO DEL SALMO 29

SALMO XXIX



Exhortación a glorificar a Dios.



Los poderosos y honorables de la tierra están especialmente obligados a
honrar y adorar a Dios; pero, ay, pocos intentan adorarlo en la belleza de la

santidad. Cuando vamos a Él como el redentor de pecadores, en

arrepentimiento, fe y amor, Él acepta nuestros defectuosos servicios,

perdona el pecado que los alcanza y aprueba la medida de santidad que el

Espíritu Santo nos capacita para ejercer. —Aquí tenemos la naturaleza de la

adoración religiosa; es tributar al Señor la gloria debida a su nombre.

Debemos ser santos en todos nuestros servicios religiosos, consagrados a

Dios y a su voluntad y gloria. Hay belleza en la santidad y esta embellece

todos los actos de adoración. —Aquí el salmista establece el dominio de Dios

en el reino de la naturaleza. Podemos ver y oír su gloria en el trueno, en el

rayo y en la tormenta. Que nuestros corazones sean por ello llenos con

pensamientos grandiosos, y elevados, y honrosos de Dios, en la santa

adoración de aquel para quien es tan importante el poder de la piedad. ¡Oh,

Señor, Dios nuestro, tú eres muy grande! El poder del rayo iguala al terror del

trueno. El temor causado por estos efectos del poder divino deben

recordarnos el gran poder de Dios, la debilidad del hombre y la condición

indefensa y desesperada del malo en el día del juicio. Pero los efectos de la

palabra divina en las almas de los hombres, bajo el poder del Espíritu Santo,

son mucho más grandes que los de las tormentas que atronan el mundo

natural. Ante el poder de la Palabra, los más fuertes tiemblan, los más

orgullosos son derribados, los secretos del corazón salen a luz, los

pecadores se convierten, el salvaje, sensual e inmundo se vuelve inofensivo,

amable y puro. —Si hemos oído la voz de Dios y hemos huido a refugiarnos

en la esperanza puesta ante nosotros, recordemos que los hijos no tienen

que temer la voz de su Padre, cuando Él habla enojado a sus enemigos.

Mientras tiemblan los que no tienen refugio, bendíganle por su seguridad

quienes permanecen en el refugio que Él señaló, esperando sin desmayar el

día del juicio, seguros como Noé en el arca